007: Naecillius y Marcos
-¿Elemento de sombras? -Repitió Zenor, sin entender del todo. -¿Cómo los demonios…? – no pudo evitar recordar lo que había vivido en el bosque, la maldición de la que su salvador le había hablado. Se llevó la mano al pecho, como intentando sujetar su corazón que amenazaba con escapar.
-Sí… y no. Tambien existen demonios y criaturas de cada uno de los elementos, buenas y malas. De hecho, aunque el imperio los condena, los magos sabemos que es necesaria la existencia de personas afines al magikusde sombras. Pero los usuarios de Neoraguni son extremadamente raros, y esta combinación… solo hay tres casos registrados en la historia de Shœnaria… cuatro ahora. Yo te recomendaría mantener en secreto tu estilo. Solo yo y los niveles de Maestro o superior sabremos la verdad, pero te registraremos como si tu estilo fuera Kaikirin, el estilo de sellos y barreras. Tendrás menos problemas así – Zenor asintió. -Bueno, entonces… adelante ¡Bienvenido a la torre del amanecer!
El examinador se puso de pie y guió a Zenor hacia el interior de la torre, saliendo por la cortina posterior. Del otro lado, había un segundo recibidor, donde las personas que habían pasado la prueba esperaban. Entre ellos, estaba Naecillius. Cuando lo vio entrar, se acercó a grandes pasos hacia él. Zenor se puso nervioso, recordando las palabras que el muchacho había dicho a su padre, sobre redimir el nombre de su familia. Cuando estuvo a menos de tres pasos de él, Naecillius se inclinó la cabeza.
-Lamento profundamente las palabras de antes. Espero puedas perdonarme
-¿Qué…? -Zenor no entendía nada
-Fui descortés contigo, y me disculpo. Debía apaciguar a mi padre o habría continuado hasta lograr que te expulsaran.
-Entonces… ¿Tú no estas molesto conmigo?
-No, para nada. Dentro de esta torre todos somos hermanos, unidos por el magikus, apuntando a alcanzar la cima del conocimiento arcano. No hay espacio para distinciones sociales o políticas.- Las personas alrededor parecían genuinamente sorprendidas ante estas palabras. Zenor sonrio, pero seguía un poco a la defensiva. No sabía si creer o no esas palabras.
-Por cierto ¿Cómo lo hiciste?
-¿Cómo hice qué?
-Caray… lo pensé por un instante ¿Podría ser que no entiendes lo que hiciste? – Naecillius parecía genuinamente sorprendido, pero continuó ante la duda en el rostro de Zenor -En cuanto tocaste la pluma, esta cambió de color directamente a negro. No pasó por los diferentes tonos… Es decir, no necesitaste reunir tu energía para ir pasando por los diferentes rangos, llenaste inmediatamente la pluma en cuanto la tocaste ¡Y de color negro! Yo he recibido entrenamiento desde los tres años de los mejores magos viajeros para moldear el magikusdentro de mi y a mi alrededor, y sólo logré llegar a un color café. Nadie más superó el color ambar.
Recién entonces Zenor comprendió lo que le explicaban. En el fondo, había mostrado más potencial que todos los demás postulantes. Por eso el magistrado se había molestado, había hecho que su hijo se viera mediocre.
-¿Y? ¿Qué estilo eres? Debe haber sido una prueba muy fácil para ti ¿No?- inquirió el rubio.
-Sinceramente… no. No entiendo que sucede ni como lo hago. Pensé que no pasaría la prueba – Naecillius abrió la boca, estupefacto. Luego comenzó a reir.
-Eres realmente único ¿Cuál es tu nombre?
-Zenor... -Estaba profundamente avergonzado de presentar su nombre, sin nombre de familia.
-Mucho gusto, Zenor. Mi nombre es Naecilius. Mientras estemos en la torre, somos hermanos y compañeros, no hacen falta los nombres de familia -agregó, como adivinando sus pensamientos.
-Postulantes -Llamó una voz. El examinador que había evaluado a Naecillius se encontraba delante de ellos, junto a una puerta. -A partir del día de hoy serán recibidos como Novicios, el rango más bajo de los estudiantes de la torre. Atenderán a clases comunes durante dos meses. Luego comenzarán su trabajo como escribanos, el siguiente eslabón de la cadena. Una vez un mago tome interés en ustedes, se convertirán en aprendices. El camino para llegar a aprendiz es arduo e intenso, pero lo que viene después es el verdadero viaje. Los llevaré ahora a sus habitaciones. Allí encontrarán un arcón con sus túnicas de novicios, materiales e implementos esenciales. Descansen y resuelvan cualquier asunto que pudiese distraerlos. Aquellos que deseen escribir o recibir comunicación del exterior podrán hacerlo. Aquí mismo, en el recibidor, siempre habrá un escribano o aprendiz encargado, con el podrán dejar su correspondencia. Esta será enviada el día viernes por las mañanas y podrán consultar por su correspondencia a partir del día sábado por las tardes. De más está decir que no pueden discutir nada relacionado con sus estudios ni con el funcionamiento interno de la torre…
El examinador continuó hablando, dando diversas directrices sobre el uso de los baños, sobre el toque de queda para los novicios, sobre las normas de convivencia, sobre la distribución de las habitaciones y algo que a Zenor le parecieron reglas sobre el uso de las plazas y arenas al interior de la torre, pero no podía ser eso… ¿O sí?
Llegaron a una puerta marcada con la torre, pero sin la imagen del sol detrás. Al entrar, Naecillius y Zenor escogieron camas adyacentes. Eran sólo 5 personas en total, pero 10 camas en la habitación. Dos personas tomaron las camas más lejanas a la puerta y a todos los demás y comenzaron a desempacar, conversando entre ellos. La tercera persona se acercó a Naecillius y Zenor. Era bastante más ancho de hombros y de cintura que ellos, pero no se veía obeso, sino una persona que de verdad podía llamarse “de huesos anchos”. Tenía el cabello castaño y vestía elegante, aunque no tanto como Naecillius.
-Hola ¿Les molesto si me uno a ustedes? -Bajó la voz y apuntó a las personas al otro lado de la habitación -Creo que no le caigo bien a esos dos.
-¡Claro! Mientras más, mejor. -Dijo el rubio antes de que Zenor alcanzara a responder.
-Gracias. Mi nombre es Marcos Jubilee.
-Naecillius Corvinus III, Naecillius está bien
-Zenor
-Un gusto, Naecillius, Zenor. ¿Les molesta si les pregunto sus elementos y tipos para conocernos mejor?
-No, para nada -dijo Naecillius -Yo tengo afinidad al magikus de fuego y a la forma Reikirin.
-¿Reikirin?- interrumpió Zenor
-Sí, Reikirin, estilo de combate. -Dijo Marcos -Yo tengo afinidad al magikus de tierra y la forma Raizagen, estilo de invocación y adivinación- agregó, viendo la cara de Zenor. -¿Y tu?
-Yo… tengo afinidad al magikus de sombras, estilo de… ¿kaikirin?
Ambos se asombraron.
-Caray -dijo Naecillius -no sabía que aún existían magos de las sombras. Supongo que la torre se lo oculta al imperio. Aún así ¿Kaikirin? Interesante. Somos una buena combinación, deberíamos hacer equipo.
Zenor se relajó un poco de que sus compañeros se lo tomaran tan bien. La magia de las sombras estaba prohibida en el imperio y era temida y perseguida. Estas personas lo habían tomado bien, pero los examinadores lo habían mirado con recelo, incluso le advirtieron que no revelara su verdadero tipo. ¿Qué pensarían de él si supieran la verdad?
-¿Esta es la ropa de novicio?- Dijo Marcos, trayéndolo de vuelta a la realidad- ¿No podía ser algo de mejor calidad, como lo que traína los examinadores? -En sus manos tenía una túnica de una sola pieza, de género gris, sin adornos y con el símbolo de la torre sin el sol, como la puerta de la habitación.
-Es cierto, podrían al menos haber utilizado algodón o seda -agregó Naecillius.
Zenor comenzó a examinar su arcón. Encontró la misma túnica allí. A él le parecía de muy buena calidad, mejor que las ropas que traía puestas incluso. Pero al parecer no era lo mismo para sus nuevos amigos. Además, había un bolso, con varias hojas de papiro. Dos estaban como rollos y una estaba encuadernada. Al parecer era papel de alta calidad. Había además una pluma y varios frascos de tinta. Al parecer era verdad que tenían pocas de las plumas que usaron en la prueba de ingreso.
Pasaron la mañana conversando y contando sus historias. Zenor contó que su aldea fue atacada y que un anciano lo encontró en el bosque. Alguien le dijo que tenía habilidades y que debía ir a la torre. Contó el largo viaje, y el mes que pasó en el orfanato. Naecillius parecía avergonzado cuando contó que el creció con tutores desde que tenía 3 años, porque el mago de la corte que servía en Gilramore vio potencial en él. Aprendió a canalizar la energía y sabía hacer trucos pequeños, como encender y apagar velas, avivar ascuas y calentar levemente algunos objetos cuando los tocaba. Estaba orgulloso de su origen, pero se avergonzaba de lo sencilla que había sido su vida hasta ese momento. A sus quince años, entrar a la torre era su forma de descubrir su propio camino.
Marcos, en cambio, tenía una historia curiosa. Su familia era de la nobleza menor del pueblo “Piedra de Molino”, al oeste de Gilramore. Aunque tenía nombre de familia, lo habían obtenido en la generación de su abuelo, gracias a un matrimonio poco convencional. La descendiente de los Jubilee, dueños de amplias tierras de cultivo de trigo y cebada, se enamoró del abuelo de Marcos. Se casaron y la joven fue desheredada. Pero el abuelo de Marcos, con quien compartía su nombre, no se dejó abatir y trabajó su campo y dos campos más, de sol a sol, durante dos años. Hasta que la familia Jubilee aceptó su esfuerzo y reconocieron el matrimonio. Desde entonces, los Jubilee son dueños de las tierras, pero trabajan junto a los campesinos. Se preocupan de que no pasen hambre, de realizar rotaciones y de cuidar a todos los niños del pueblo. Cada cosecha desde que Marcos empezó a trabajar, obtenían el doble o el triple de trigo de lo normal, y siempre en los terrenos donde él había trabajado. Fue enviado a Gilramore para ser evaluado por el mago de la corte, el mismo que había evaluado a Naecillius. Este inmediatamente reconoció el elemento de Marcos y le dio instrucciones para manifestar su estilo. Así fue como pasó la prueba con relativa tranquilidad.
A la hora de almorzar, fueron llamados a un gran comedor, varios pisos más arriba de donde estaban sus dormitorios. Allí les explicaron que las comidas eran libres, que podían venir cuando quisieran y si requerían algo especial le avisaran a los sirvientes. Nadie más que Zenor parecía impresionado con que los sirvientes fueran grandes rocas vivientes de forma remotamente humana, que vestían con trajes de cocina y preparaban y servían los alimentos con una facilidad impensable para sus grandes y rígidas articulaciones. Pasaron la tarde especulando sobre lo que aprenderían el día siguiente. La noche fue dulce y tranquila, como no lo había sido en años para él.
Zenor despertó primero que sus compañeros. Ansioso, decidió ir por un té a la cocina. Se llevó su libro encuadernado, pluma y tinta. Mientras el sol salía, escribió una carta a la Hermana Cassie y otra para Klaus.
Cuando bajó al recibidor a entregar sus cartas, se sorprendió de encontrarse con Clarisa.
-Hola, no sé si me recuerde…
-¡Claro! Eres el pequeño de hace un mes ¡Felicidades por pasar el examen!
-Muchas gracias
-¿Fuiste al orfanato?
-Sí. La Hermana Cassie me preguntó por usted…
-Jaja, muchacho, no seas tan formal. Dime Clarisa, o Cli. ¿Cómo estaba Cassie?
-Bien, aunque parecía un poco triste
-Sí. Yo también la extraño… Pero ella sabía que este era mi camino. Cuando llegue a nivel de Viajero podré salir a verla. Viajar juntas, descubrir el mundo… Sería maravilloso… -Clarisa se perdió en sus pensamientos durante varios segundos. Luego cerró fuertemente los ojos, suspiró, y miró a Zenor. -En fin, ¿qué te trae al recibidor?
-Quería entregar unas cartas
-Claro, dejalas aquí, yo las guardo. ¡Oh! Cassie estará contenta de oir de ti, ella es así. -Sonrió tiernamente, como recordando algo. -¿Es esta para Klaus? ¿El mocoso que quiere entrar a la guardia? -Zenor asintió -Jajaja, quien lo diría. No lo veo hace 5 años, desde que entré a la torre. A esa edad ya estaba entrenando todos los días. ¿Gilramore? ¿Ya entró al servicio? Que bueno que pueda perseguir su sueño.
Un suave sonido como campanas resonó en la torre. Parecía salir del aire mismo y tenía la misma intensidad en todos los pisos, como una campanilla de mano.
-Muchacho, deberías irte. Uno siempre se pierde los primeros días. Yo me encargo de las cartas -le guiño un ojo mientras Zenor se despedía.
Subió las escaleras hasta el dormitorio y se encontró con sus amigos, saliendo de la habitación.
-¿Dónde te habías metido?
-No importa, vamos. Dicen que tenemos que subir hasta el penúltimo piso de la torre para nuestra primera lección. -interrumpió Marcos. -No sé ustedes, pero yo no creo ser capaz de llegar hasta allá.
Alzaron la vista hacia el infinito tramo de la escalera en espiral. Desde el exterior la torre aparentaba ser 5 o 6 veces más alta que una iglesia. Pero desde el interior, parecía infinita. Quizás lo era.
Comenzaron a subir, lentamente, los cincuenta pisos hasta la penúltima planta de la torre, donde una placa leía “cuarto de estudio grupal”. Debajo, escrito sobre el muro de piedra en un azul metálico que parecía flotar dos milímetros sobre la piedra, decía “sala reservada para los novicios”.
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