001: El Demonio y el inmortal
Los rumores sobre el demonio de Zherek habían llegado hasta la Torre del Amanecer, a más de 1.300 kilómetros de distancia. Los rumores hablaban sobre la destrucción causada por una criatura sobrenatural, y como bien sabían los habitantes de la torre, esto solía tener que ver con incidentes mágicos. Muchos pensaban que se trataba de un posible candidato a aprendiz, pero no podían asociar los supuestos poderes que se le atribuían al demonio con alguno de los estilos de magia conocidos.
Ahbul Liveworth, Archimago de luz y entonces regente de la Torre del Amanecer, se encontraba de casualidad en la zona y los rumores llegaron a él de forma directa, varios días antes de que alcanzara los dominios de su propiedad. Había partido en un viaje hacia el centro del continente para asegurar el estado del sello sobre el templo prohibido. Esto era algo que hacía rutinariamente, más por su paz mental que por necesidad. Siendo él el principal especialista en Kaikirin [estilo de sellos y barreras] y siendo su elemento el opuesto directo de la oscuridad que amenazaba con desbordar el templo prohibido, Liveworth era la persona idónea para realizar la mantención de este sello, que no había tenido un solo problema de funcionamiento en los 234 años que había estado a su cargo.
Pasó, entonces, en su visita, cerca de la ciudad de Kruz, vecina de la antigua Zherek, y escuchó allí la leyenda, de labios de un granjero.
-¡Los rumores son ciertos! – vociferaba a sus compañeros, mientras compartían una cerveza en el mesón más atiborrado de la taberna. -¡Encontré uno de mis bueyes en sus huesos, como si no hubiese comido hace dos inviernos!
-¡Kyle, no exageres, hombre! ¡Todos aquí saben que tus bueyes parecen más espantapájaros que animales de trabajo! – Las risas surgieron espontáneamente, alegres, divertidas. Sólo el anciano en un rincón prestaba atención, mientras fingía fumar su pipa, ausente. Lo único que podría delatar a Ahbul Liveworth era el anillo que lo reconocía como miembro de la Torre del Amanecer, que mantenía debidamente oculto dentro de su bolsillo.
-Es verdad… ¡Pero esto es serio! No es que estuviera flaco, parecía que iba a morir de hambre, podían verse sus costillas!
Una sospecha terrible comenzó a tomar forma dentro de su mente. Él era quizás el único que vio con sus propios ojos el terrible poder de las sombras. Calosfríos recorrieron su cuerpo cuando la memoria de sus compañeros adelgazando y envejeciendo hasta convertirse en polvo volvió a su mente. Dos lágrimas silenciosas escaparon por encima de su fachada de anciano desvalido.
-Disculpen, jóvenes- interrumpió la conversación de los aldeanos con una voz gastada y disminuida que le era impropia. -¿Ayudarían a este anciano a buscar una buena historia para contar a sus nietos… una historia sobre fantasmas o demonios tal vez?
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