006: La torre del Amanecer


Para Zenor, el mes pasó a una velocidad vertiginosa. Se dedicó a trabajos menores, ayudando en el orfanato, en casas cercanas y en el mercado, juntando algunas monedas de cobre que pondría luego a disposición de la hermana Cassie, como terminó llamándola. Si bien la comida era sabrosa, no volvieron a comer tan copiosamente como aquel día en que llegó. El orfanato no tenía problemas financieros, pero preferían ser precavidos. 

Klaus se convirtió rápidamente en su mejor amigo, con esa facilidad que existe entre los niños para compartir sus visiones del mundo, sus valores y sus metas. A mediados de la tercera semana, cuando Klaus ya había cumplido 15 años, se presentó en el cuartel de la guardia imperial. Procesó su admisión a la instrucción obligatoria y fue asignado a la ciudad de Gilramore, donde tenían instalaciones para el entrenamiento y alojamiento de los conscriptos. Acordaron seguir comunicándose por cartas. 

El día anterior a la esperada fecha, Zenor recibió la primera carta de Klaus. Había llegado a la ciudad hacía 3 días y había gastado sus últimos ahorros en mandarle una carta a él y a la hermana Cassie. Decía estar agotado, adolorido, polvoriento, le ardía la cara y los pies. Pero estaba donde quería estar, avanzando hacia su sueño. “¡Lo mejor es que la respuesta que reciba de ti sea escrita desde dentro de la torre, o verás lo que haré contigo cuando vuelva!”, le decía en la última línea. 

Con la carta en su bolsillo y una pequeña cesta que le entregó la hermana Cassie, Zenor cruzó el umbral de la torre por segunda vez. La impresión esta vez fue muy distinta. Sabía que aún era muy temprano, apenas había amanecido, pero ya había gente reunida en el salón. Con ese número de personas pudo entender por qué era tan grande el espacio del recibidor. La mujer Clarisa no se encontraba allí ese día, pero 6 personas vestidas con ropajes similares se encontraban en aquel lugar cada uno ocupando un escritorio. Largas túnicas nacaradas, hilvanadas con oro, con el símbolo de una torre y el sol detrás, con minúsculos detalles simulando destellos. Tras ellos, espacios separados por cortinas que se sostenían solas, dando una falsa sensación de privacidad. 

- ¡Atención todos! - Dijo una voz profunda, de una de las personas vestidas con uniforme -Las pruebas de selección se realizaran dentro de dos horas exactas. Por favor, todos quienes van a atender, presentarse lo antes posible para registrarlos y asignarles un turno - La voz se escuchaba al mismo tiempo en toda la habitación. Luego, agitó una varita torcida y un reloj de arena apareció en el aire, delante de ellos. La arena comenzó a caer lentamente. Todos suspiraron asombrados. 

La figura luego se sentó, abrió un libro y dijo: - ¿Quién será el primero?

Antes de que alcanzaran a reaccionar, un muchacho alto, vestido con ropas nobles y un grupo de sirvientes a su costado, se acercó. Nadie se atrevió a colocarse en su camino. Tras él, dos figuras aún mejor vestidas lo seguían. -Yo, Naecilius Corvinus III, hijo de Naecilius Corvinus II, ministro de Justicia de Gilramore, seré el primero en probarme, si no incomoda a nadie más. -Su voz dejaba entrever que no le importaba realmente lo que los demás pensaran. 
-Adelante entonces, por favor, firme el libro. 
El encargado le entregó una pluma y le acercó el libro. El muchacho lo observó atentamente durante varios segundos antes de decir: - ¿No va a facilitarme tinta?

El encargado negó suavemente con la cabeza. -No, joven… maestro -agregó a regañadientes ante la mirada inquisidora de la figura a espaldas del niño- Esto también es parte de la prueba.

Naecilius lo miró incrédulo. Intentó escribir un par de veces, pero la pluma no escribía nada. Al tercer intento, manchó un poco el papel, pero no lo suficiente como para escribir. Una chispa de entendimiento cruzó por sus ojos y observó al encargado, que estaba sonriendo honestamente. El muchacho cerró los ojos y la multitud suspiró cuando la pluma completa comenzó a teñirse lentamente, desde donde Naecilius la sostenía hacia la punta, tornando de un blanco prístino a un color opalescente, luego amarillo, ámbar, y finalmente un color rojizo y oscuro, como la arcilla. Entonces pudo escribir su nombre en el libro sin dificultades, en el mismo color que la pluma.

-Muy bien, muy bien. Posees un gran potencial, muchacho. -Se volteó luego a las otras dos figuras. -Gran Ministro Naecilius, Señora Serulia, como saben, las reglas de la torre dictan que, a partir de este día, vuestro hijo estará bajo el cuidado de comunidad de magos de la torre del amanecer y sólo podrá salir de esta una vez alcance el rango de “viajero”. -Las figuras asintieron. -Entonces, joven Naecilius, por favor espere a un costado a que comience la segunda etapa de la selección. Ustedes también, por favor. 

La familia se retiró hasta un rincón, a esperar su turno. Pasaron varios minutos antes de que alguien más se atreviera. Zenor los observó atentamente. Toda la familia tenía el cabello rubio, ojos color verde esmeralda y una postura que indicaba que les incomodaba tener que esperar con toda esta gente. Su mente volvió de golpe a la realidad cuando la persona que estaba intentando escribir su nombre comenzó a sollozar, tratando de contener las lágrimas. La pluma había vuelto a su blanco natural y la persona repetía el mismo movimiento, una y otra vez, sin poder generar nada. Finalmente dejó la pluma sobre el libro de registro y caminó hacia la salida, limpiándose el rostro con las mangas, temblando visiblemente.

- ¿Quién sigue? – El encargado del registro no mostraba sorpresa en su rostro. Zenor, en cambio, estaba aterrado. ¿Y si no era capaz de escribir? El pensamiento hacía que le zumbara la cabeza. Uno tras otro, fueron pasando. Algunas personas llegaron y se añadieron a la lista o se fueron en diferentes estados. Pero Zenor seguía paralizado. No sabía si sería capaz de acercarse siquiera.

-Quedan 5 minutos. ¿Alguien más va a registrarse?

No quedaba más que una o dos tazas de arena cuando reaccionó. Corrió hacia el libro, tomó la pluma y escribió, sin pensarlo, con los ojos fuertemente cerrados. Un silencio pesado cayó sobre la habitación. Luego, un suave sonido de campanas resonó, proveniente del reloj de arena. 

-Muchacho, puedes soltar la pluma. Estas dentro.

Sintió unas manos que envolvían la suya y se percató de que estaba temblando. Abrió los ojos y vio su nombre, escrito con tinta negra como la noche. La pluma también se había vuelto negra, pero de un negro aterciopelado, como si fuese su color natural. No solo el cambio era más intenso que con los participantes anteriores, sino que la coloración no desapareció después de que soltó la pluma. 

-Bueno, es una suerte que fueras el último, no tenemos muchas de estas… -dijo el encargado, retirándola y colocándola en un pequeño cofre. -Ahora procederemos con la prueba de selección…

-¡No toleraré esta ofensa! ¿¡Es que pretenden insultar el nombre Corvinus y salir impunes!? ¡Brujos! ¡Charlatanes! -Explotó el ministro Naecilius. - ¡Quiero que expulsen a este plebeyo de inmediato!

-Padre, deja que tu hijo asuma su falta. Dentro de un mes habré redimido el nombre de la familia. No dejaré que un bastardo sin nombre de familia nos ridiculice- dijo su hijo, mientras avanzaba hacia Zenor. El padre pareció calmarse un poco y recuperar la compostura, mientras que el amenazado seguía sin entender lo que estaba sucediendo. Zenor se hizo a un costado para dejar pasar al noble. -Creo que yo soy el primero en el registro

-En efecto. Por aquí por favor – otro de las personas con el uniforme de la torre lo llevo a uno de los espacios cerrados por cortinas. Luego de unos minutos, volvieron. -El señor Naecilius Corvinus Tercero a pasado la prueba y es admitido dentro de la torre. Parientes, por favor, acérquense para despedirlo.

Siguiendo la lista, comenzaron a llamar a los demás. Sólo había 20 nombres en el cuaderno, aunque más de 50 personas lo habían intentado. A medida que pasaban salían desde detrás de las cortinas, algunos pasaban, otros reprobaban. Sin embargo, a diferencia de la prueba anterior, a quienes fallaban les recomendaban intentarlo de nuevo el año entrante. Algunos incluso recibían un libro o una hoja con instrucciones y les decían que intentasen nuevamente la siguiente oportunidad, dentro de 3 meses. 

Cuando llamaron a Zenor, solo quedaban dos familias, una retirándose con pretensiones de intentarlo el año entrante, otra despidiéndose de su hijo. Todos los demás ya se habían retirado. Lo hicieron pasar más allá de las cortinas, donde encontró una mesa con una bola de cristal del porte de un melón apoyado sobre un soporte especial. Se le indicó sentarse del otro lado.

-Ahora debes colocar las manos sobre la esfera y concentrarte. Deberíamos ver una figura y un color. Si sólo vemos la figura, se te pedirá repetir el examen dentro de 3 meses y se te explicará como mejorar tu potencial. Si sólo aparece un color, se te permitirá intentar nuevamente dentro de un año, y se te entregará un libro con diferentes formas para definir el estilo que te sea natural. 

- ¿Y… si no sale nada? 
- No te preocupes. Si pasaste la primera prueba significa que posees una cantidad importante de magikus. Es poco probable que no se forme nada. 

Zenor respiró aliviado. Estaba un paso más cerca, pero aún no estaba del todo dentro. 

-Adelante, cuando te sientas preparado.

Se acercó y colocó sus manos a cada lado de la esfera de cristal. Cerró los ojos y trató de recordar la sensación que tuvo cuando utilizó la pluma. Pero no sabía qué había hecho entonces, y no sabía que hacía ahora tampoco. Cerró los ojos con más fuerza, apretó hasta que sus manos le dolían. Entonces su mente comenzó a divagar. Se sentía rodeado de una neblina que le impedía ver más allá. Ni siquiera veía sus manos frente a sí. Pero las sentía, estaban allí y podía tocar la fría y húmeda consistencia de la neblina. Tuvo una idea y comenzó a moldear la neblina, como si fuera arcilla. La apretaba a un lado, la estiba a otro. Al principio no pretendía formar nada en particular, pero poco a poco se fue formando un ave, de largas alas. Entonces su vista volvió a su cuerpo, y observó la misma ave que había construido con sus manos aparecer delante de si, de un color negro azabache, aleteando al interior de la esfera de cristal, intentando salir.

Sonrió y levantó la vista para ver a su examinador. Pero éste estaba pálido y sudoroso, con los ojos clavados en la esfera de cristal. -Ehm… ¿Está mal?- el examinador lo miró, sin entender la pregunta por varios minutos. Luego le dijo - Quédate así, no te muevas, mantén la figura. Vuelvo enseguida.

Se levantó y dejó el cuarto cerrado. Volvió con dos o tres personas más, todas con el rostro cubierto. Sus ropajes tenían más colores hilvanados: plateado, un color brillante y que reflejaba la luz como un espejo, y hebras cobrizas. Suspiraron en cuanto vieron la figura y cuchichearon entre ellos. Salieron todos y luego entró su examinador, solo. -Felicidades. Ha aprobado y serás recibido en la torre. Sin embargo, debo advertirte algo… Tu estilo está bien, el ave representa usualmente a usuarios de Neoraguni, es decir, estilo especializado. Pero… el color indica que corresponde al elemento de las sombras. No había habido un Neoraguni de sombras desde… bueno, desde Hassah, el antiguo archimago de las sombras.

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