002: El demonio y el niño
Su estómago rugía, pero no tenía las fuerzas para ponerse de pie. Se sentía agotado, como si hubiese pasado todo el día corriendo. El sol lo golpeaba fuerte en el rostro. Podía sentir pequeñas agujas clavándose en las diferentes regiones expuestas de su piel, quemándolo lentamente. Había sucedido de nuevo. Tenía una laguna en su memoria donde debería haber estado el atardecer, la noche y el amanecer. No era simplemente que se hubiese dormido, porque se encontraba en un lugar completamente diferente del que recordaba. Se encontraba dispuesto en un claro del bosque, donde un grupo de árboles se había secado completamente, hasta parecer petrificado, aunque sería más correcto decir que aquel claro se había formado porque él estaba aquí. El suelo árido y desprovisto de vegetación, a excepción de los árboles petrificados, formaba un círculo perfecto a su alrededor. Y el dolor que lo hacía pensar que intentaban destruir su cuerpo tirando desde diferentes direcciones. Sin duda...