005: El niño y la voluntad de la espada.
Luego de abandonar la torre, Zenor se dirigió hacia el pueblo. Deambuló por algunas horas, sintiéndose aliviado y, al mismo tiempo, sujeto de una broma de mal gusto. ¿¡Un mes!? ¿Cómo esperaban que sobreviviera todo ese tiempo?
Se llevó las manos a los bolsillos. Tenía 15 centavos imperiales. Ni siquiera acanzaba a hacer un Sho, con eso probablemente pudiese comer algo hoy y mañana, quizás incluso un tercer día si es que se apretaba el cinturón y solo bebía agua de la fuente del pueblo. Ni hablar de un lugar para pasar la noche. Abatido, recorrio las calles, sin prestar atención a las maravillas que los estudiantes vendían a mercaderes empeñados en encontrar los objetos más raros, más valiosos, más bellos, para revenderlos a precios exorbitantes en pueblos y ciudades lejanas.
Estaba distraído, sí, pero no lo suficiente como para no sentir la pequeña mano que intentó deslizarse en su bolsillo. La atrapó con un movimiento rápido y se disponía a interpelar al perpetrador cuando se encontró con un pequeño de uno o dos años de edad. No estaba tratando de robar su dinero, se estaba apoyando en el para caminar. Las lágrimas llenaban sus ojos, pero no podía escuchar sus sollozos. Zenor lo levantó y lo miró a la cara. Tenía las ropas sucias y raídas, pero no mal olientes. El rostro también estaba limpio, salvo por las lágrimas y las gotas viscosas que caían por su nariz. Le limpió el rostro con la manga de sus ropas y caminó con el niño en brazos, fuera de la multitud.
Cuando se alejó del bullicio de la calle principal se dio cuenta que el niño seguía haciendo todos los movimientos que haría un infante al llorar, pero ningún sonido escapaba de su garganta. Lo meció levemente hasta que se calmó un poco. A regañadientes gastó 2 centavos en agua de mango y se la dio a beber lentamente. Esto pareció calmar un poco al bebé, que al poco rato se durmió en sus brazos.
Él no había tenido hermanos pequeños, pero si había tenido amigos que pertenecían a familias numerosas. Incluso había ayudado a más de uno a cuidar a sus hermanos pequeños mientras sus padres trabajaban en las cosechas. Pero tener uno a tu exclusivo cuidado es diferente.
Entonces recordó las palabras de la amable mujer de la torre. -¿Cómo se llamaba ese lugar?- pensó. -Ah, sí, Luz de luna Llevaré allí a este pequeño, ellos sabrán que hacer con él.-
Comenzó a caminar, preguntando a diferentes personas, hasta que al fin encontró el edificio, en un terreno ligeramente fuera de la calle principal, en la periferia del pequeño poblado. Cuando estaba a poca distancia, notó que algo se movía en el techo. Era un muchacho de más o menos su edad, practicando con una rama como si fuera una espada. Él también se percató del visitante, se volteó y gritó: -¡Tía Cassie, Alguien encontró a Todd y vino a traerlo!- luego sonrió e hizo un gesto con la mano que Zenor jamás había visto, formando un puño pero con su pulgar arriba.
Al poco tiempo se escuchó un ruido y la puerta principal se abrió para dar paso a una mujer con ropa del clérigo, celeste y blanco, que se acercó corriendo y sin darle importancia a sus prístinos ropajes, se hechó de rodillas al suelo y recibió en sus brazos al infante aún dormido, llenándolo de besos.
-¡Por Sehanine, estas a salvo Todd! ¡Te busqué por todo el pueblo! ¿¡Donde estabas!?
El pequeño reaccionó lentamente, despertando con los besos y riendo ante la voz de la mujer del clérigo. Al menos gesticulaba una risa inocente. Seguía tan silencioso como siempre.
-Pequeño, muchas gracias por traerlo. -Dijo, mirando a Zenor -¿Hay algo que pueda hacer por ti?
-No se preocupe, solo lo encontré y decidí ayudar al pequeño- cargó un poco la voz al final, como dejando en claro que el único pequeño aquí era el infante en sus brazos y no él.
-¿De verdad? Es una lástima, íbamos a comer mi famoso estofado para el almuerzo…- Una sonrísa pícara, no muy adecuada para una mujer de su profesión, apareció en el rostro de Cassie. Antes de que Zenor pudiese responder, su estómago reveló sus verdaderos deseos con un fuerte gruñido. La comenzó a reírse, más animada. -Ven, adelante.
Zenor la siguió, cabisbajo y ruborizado hasta el cuello.
-¡Klaus, baja ya de ahí y ayúdame en la cocina!- le gritó en un tono demandante al muchacho del techo.
-Ya voy tía Cassie, estoy terminando de todas formas. Luego de abanicar la rama 3 veces más, se limpió el sudor de la frente con su remera y se lanzó desde el techo. No era una caia muy alta. La casona era de dos pisos, pero estos eran bajos comparados con las demás construcciones de la ciudad. Aún así, lanzarse sin miedo a una caída de unos 7 u 8 metros es digno de admiración. EL muchacho cayó primero con la punta de los pies, flectando profundamente las rodillas, y rodó hacia un costado por sobre el hombro derecho. Se puso de pie y se sacudió su ropa. Sonrió y volvió a repetir su gesto del puño con el pulgar arriba. Sin embargo esta vez su sonrisa se perdió cuando recibió un golpe en la cabeza con el canto de la mano de parte de la mujer a la que llamaba “Tía Cassie”.
-¡¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes de saltar así del techo?! ¡Puedes hacerte daño!
-¡Pero---¡- Antes de que pudiera replicar lo tomó por la oreja y lo arrastró detrás de sí hacia el interior del orfanato, con le pequeño todd en el otro brazo. Zenor no sabía si entrar y aceptar la comida que se le había ofrecido o huir con toas sus fuerzas. Pero su estomago le recordó que no era una opción para él.
Inconscientemente la siguió hasta la cocina. Allí la mujer rápidamente se puso un delantal y comenzó a pelar patatas y picar vegetales. -Darmus, Kristina ¿Pueden encargarse de prender el fuego y hervir agua en la cacerola? Mike, ve a la bodega y trae la caja de especias. Magda… ah, gracias – una niña rubia, más grande que los demás, se acercó y tomó al pequeño Todd de sus brazos. -Klaus…
-Ya estoy en eso, tía Cassie. La barriga y las costillas eran para el estofado ¿verdad?
-Sì, gracias…
Zenor quedó perdido en medio de esta acción coordinada de parte de tantas personas. Podía escuchar risas en el patio trasero, así que asumió que habían aún más niños en el orfanato. Se quedó en silencio, viendo en que podía ayudar, pero todos parecían expertos en lo que estaban haciendo. Los encargados del fuego lo encendieron de un solo intento con el yesquero, avivaron la llama y colocaron juntos la pesada cacerola de hierro sobre el fuego, echando poco a poco el agua. El tal Mike volvió algunos minutos después y comenzó a moler flores y ramas secas en un mortero casi tan grande como el y los iba echando poco a poco al agua a medida que esta hervía. Finalmente, los más sorprendentes eran la mujer Cassie y el joven Klaus. Cassie peló casi 2 kilos de patatas en tan solo unos minutos y cortaba los vegetales a gran velocidad con un cuchillo de madera. Eran irregulares y desproporcionados, pero su velocidad compensaba su falta de precisión. Por otro lado, Klaus parecía un carnicero experto. Utilizando el único cuchillo de metal de la cocina, que debía tener menos de 15 cm de largo, cortaba la carne precisión milimétrica. Limpiaba las costillas de grasa y cartílago. Quitó la piel y la grasa más superficial de la barriga, pero dejó la carne y la grasa más profunda unidos en dos listones simétricos. Era como si el cuchillo fuese una extensión de si mismo.
Cuando Klaus terminó, entregó la carne en un cuenco a Cassie, enfundó el cuchillo en una cartuchera pequeña a su costado izquierdo y se retiró de la cocina, con las manos detrás de la cabeza. Cuadno estaba a punto de salir se topó con Zenor, quien seguía pasmado en la entrada de la cocina. -¿Eh? ¿Qué haces ahí parado? Ven a lavarte. La hermana no deja comer a nadie que este sucio. – lo tomó del brazo y lo llevó al patio de atrás, donde habían cerca de 20 niños más, de diferentes edades pero todos menores que ellos dos, jugando y riendo. -Apresúrate, en unos minutos la tía Cassie avisará que la comida está lista y esto se llenará- dijo, llevándolo a una esquina del patio donde había una estructura de madera en el suelo, con pequeñas rendijas, rectangular, y un gran barril con agua. -Es una cubeta por persona ¡apresúrate!.
Entocnes Zenor comprendió que era una bañera abierta. En su pueblo había un baño público, por lo que no había mucha gente que tuviera bañeras privadas, y casi todas eran tinajas. Esta era la primera vez que veía una así en vivo. Llenó el balde de agua y se desvistió de la cintura para arriba. Utilizando uno de los paños que había en el lugar comenzó a limpiar su cuello, brazos y torso. Luego estrujaba y botaba el agua excedente sobre la madera. Esta era oscura con el polvo y la tierra de su largo viaje. El agua estaba fría, pero era agradable la sensación sobre su piel. Finalmente se desnudó completo y se limpió la ingle y las piernas. Se asombró de los callos en sus pies y de las marcas del cinturón en su cadera. Entonces escuchó la voz femenina gritando: -¡Niños, la comida está lista!- seguida de un grito al unísono de alegría y las pisadas que corrían en su dirección. Se volteó a ver como una veintena de niños corría para ser el primero en limpiarse. Zenor palideció. Se vertió lo que quedaba de agua de su balde encima y tomó su ropa para vestirse tranquilo a un costado. Agradecía haber sido tan rápido para actuar, pues la bañera parecía ahora una zona de guerra.
Se vistió y entró por donde Klaus lo había traido. Éste lo alcanzó a los pocos pasos. Al parecer el también se había lavado, pues no se veía sudoroso como antes.
-Dime ¿De donde eres? ¿Cómo te llamas?
-Zenor, de la aldea de Zerek
-¿ah? ¿La que fue destruida por un demonio?
Zenor palideció. -Sí, la misma
-Vaya ¿Cómo era? ¿Pudiste verlo? -Klaus parecía emocionado
-No, no recuerdo nada del incidente.
-¿de veras? Qué lastima… En fin. Mi nombre es Klaus, y pronto seré el mejor guerrero de la guardia imperial. -estiró la mano para saludarlo, con una sonrisa
-¿Te unirás a la guardia imperial?- le dio la mano, dubitativo.
-Así es. Quiero ayudar a proteger a la gente de Shœnaria con mis propias manos. Además podré donar parte de mi sueldo a la orden de Sehanine, para que mantengan este orfanato.
-oh, ya veo.
-Sí, así son las cosas, cada día menos gente dona a la orden, después de todo, Sehanine es una deidad menor, no como Bahamut o Pelor, no ayuda a las guerras ni a la nobleza. Pero a mi me gusta su historia. Además, ella es quien ilumina las noches para que las bestias no ataquen, creo que no le dan el crédito que merece.
Llegaron al comedor y Klaus le indicó a Zenor que se sentara junto a él. Cassie y Magda entraro, trayendo la cacerola y un impresionante número de platos y cucharas de madera. Partieron sirviéndole a Quienes ayudaron en la cocina y a Zenor. Luego, uno a uno, fueron sirviéndole a los niños que llegaban limpios, chorreando agua aún. Algunos escondían el plato e intentaban hacer la fila de nuevo, pero eran regañados y enviados a sentarse. Zenor probó un bocado y su boca estalló en un bombardeo de sabores, muchos desconocidos para él. Los estofados de su madre no tenían comparación. Iba a atacar el plato cuando Klaus lo detuvo.
-Espera, la Tía Cassie debe dar la bendición
Zenor se sonrojó y bajó la cabeza. Luego la mujer clérigo se levantó y comenzó a decir una plegaria en una lengua desconocida. Luego de unos segundos así, cambió al idioma imperial: -gracias, madre luna por los aliments presentados. Así como todos los seres vivos, te pedimos que nos ayudes a absorver la vitalidad del sol en el seno de la noche, donde tu reinas y cuidas de nosotros desde las alturas. Gracias, Sehanine.
Todos repitieron –¡Gracias Sehanine!- y el sonido de las cucharas llenó el ambiente. Zenor también comenzó a comer. Hubo una segunda ronda con una porción considerablemente más pequeña que la primera, pero que alcanzó para todos por igual. Luego, los más pequeños salieron corriendo al patio, excepto dos que comenzaron a dormitar ahí mismo y fueron llevados a sus dormitorios por Magda. Pronto solo quedaron Klaus, Zenor y la mujer, Cassie.
-Tia Cassie – preguntó Klaus -¿Zenor vendrá a vivir con nosotros ahora?
Al escuchar esto, Zenor palideciío -No… yo…
-Klaus, ya lo habíamos hablado, debes dejar que los demás se expresen pro si mismos- el aludido se cruzó de brazos.
-Entonces… ¿Zenor? ¿Qué te trae a los pies de la torre del alba?
Zenor explicó su historia, omitiendo algunos detalles como la maldición, el sello que la contiene y que la identidad de su salvador.
-Bueno, al parecer ambos cumpliremos nuestros sueños pronto- dijo Klaus -Yo debo cumplir el entrenamiento militar obligatorio a partir de dos semanas más. Pero quiero hacer carrera la guardia imperial. Siempre ha sido mi sueño.
Cassie rió levemente, diciendo – lleva entrenando casi 3 años, y aún así sigue siendo un palillo… Pero quizás pronto pueda asentarse y comenzar a echar cuerpo – se corrigió ante la mirada fulminante de Klaus.
-Mi madre murió al darme a luz y mi padre falleció en una redada con un grupo de ladrones cuando tenía 2 años. Dicen que él prefería usar un sable a una espada larga. Así que no entreno para ser el más grande y musculoso, sino el más ágil. Acabar con los villanos antes de que puedan desenvainar.
Zenor sonrió. No entendía bien por qué, pero estando aquí se sentía en casa. Se sentía bienvenido por estos dos extraños que acababa de conocer.
-Dime, Zenor…- lo inquirió la mujer – ¿No viste de casualidad una muchacha joven, de cabello castaño y ojos como caramelo en la torre?
-Si, lo había olvidado. Ella me había mencionado que pasara por aquí
-Y… ¿Cómo estaba? ¿Cómo se veía? – Cassie enrojeció levemente
-Se veía bien, estaba transcribiendo algo con una sonrisa.
-¿De verdad? Me alegro mucho de que sea feliz…
Cassie sonrió, pero el muchacho no estaba seguro de si estaba feliz, triste, o ambas al mismo tiempo.
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