003: El inmortal y el niño

Ahbul Liveworth deshizo la ilusión que lo camuflaba en un callejón, en las afueras de la ciudad.  Luego, emprendió la marcha hacia el bosque que separaba la ciudad de Kruz de las ruinas de Zherek. Hace apenas 10 meses se había reportado la destrucción de la ciudad. 

Había reportes aislados de ataques por criaturas alteradas por el Magikus, pero ninguna que fuese una amenaza seria para una caravana numerosa, menos aún una que pudiese destruir un poblado de más de 1.000 habitantes sin dejar sobrevivientes. Pese a esto, el reporte indicaba que el grupo de inspección describía que no quedó una sola edificación en pie, que la mayoría de los cuerpos había sido mutilado por garras y dientes, asociado a las secciones de “material” faltante. Ademas de que las heridas coincidían con un ataque animal, ningún objeto de valor fue tomado. Todo se encontraba mezclado en los escombros. Esto cerró el caso como “ataque de criatura natural/alterada no identificada”

Liveworth, como archimago de la Torre del Amanecer, y por tanto, supervisor del territorio septentrional de Shœramanti y de la isla de Röt, naturalmente había leído el reporte. De hecho, despachó a uno de sus mejores estudiantes de rango “viajero” a investigar la zona. Los resultados fueron que probó la relación del suceso con rastros de Magikus, pero no pudo determinar si se trataba de una criatura que apareció de forma natural o fue invocada deliberadamente. No había rastros de un rito de invocación, pero tampoco un rastro que indicara el camino seguido por la criatura para llegar y abandonar el pueblo. 

Por supuesto, los rumores infundados surgieron de inmediato, aunque solo alcanzaron al recluido archimago esa noche en la taberna. Al principio se pensó que era el ataque de un dragón, que llegó volando y luego de saciar su apetito de destrucción se enterró bajo la tierra para dormir por otro milenio, como en las antiguas leyendas. Luego se dijo que había sido un castigo divino, donde el puño de un dios olvidado acabó con los pecadores. Pero el que más había durado era el rumor de qué un demonio había aparecido durante la noche, había consumido todo y seguía rondando por los alrededores de Zherek. Los cazadores reportaban misteriosos claros en el bosque, a los que llamaban “portales”, pues decían que allí era donde los demonios salían y entraban al infierno, y que las llamas que escapaban destruían el pasto y los arbustos y secaban los árboles. Decían también encontrar esqueletos que ningún animal quería tocar, animales en sus huesos a pesar de estar entrando en el verano y tener forraje y caza abundante. 

Ahbul estaba intrigado, especialmente por la última parte. Si esta criatura había aparecido espontáneamente, significaba que la energía de esta tierra estaba tratando de llenar el vacío dejado por el templo prohibo, quizás…

Su monólogo se detuvo en seco. Allí, en medio del bosque, había un niño, sentado contra un árbol en el medio de uno de estos claros que los cazadores llamaban “portales”. Sus ropas estaban en harapos, el cabello crecido, sucio y pajoso, casi pura piel y huesos. Se acercó rápidamente, para asegurarse de que seguía con vida, quizás se tratara de otra víctima del supuesto demonio.

Cuando se acercó, sintió una enorme presión proveniente de la figura dormida. Había bajado su guardia porque parecía un solo un niño indefenso. Maldiciendo sus impulsos de vejez, concentró sus fuerzas y se rodeó a sí mismo como si se cubriera con una capa invisible. La presión disminuyó levemente. Continuó aplicando Magikus hasta que la presión se convirtió en la sensación de llevar un manto pesado en invierno. 

Se acercó hasta el pequeño. Debía tener unos 12 o 13 años. Se veía acabado. Utilizando una habilidad distinta, transformó la energía reunida frente a sus ojos en una lente que le permitía ver el flujo de Magikus como si se tratara de luces de colores. 

Dio un salto hacia atrás. Este color era… magia de sombras. Y extremadamente fuerte, por lo demás. Este muchacho tenía un potencial increíble. Suspiró, pensando en que si la guardia imperial lo encontraba, sería su fin. Tuvo mucha suerte de que él fuese el primero en encontrarlo. Avanzó y comenzó a realizar gestos con sus manos y brazos, recitando un extraño cántico, en un lenguaje hace mucho olvidado. Se sentó frente al muchacho, que lo miraba sin verlo, como dormido con los ojos abiertos. 

Este rito continuó por casi una hora, hasta que una figura comenzó a formarse en el aire con los trazos realizados por el Archimago. La figura semejaba una estrella con seis símbolos, uno en cada punta y uno más en el centro. Luego, se agregó la imagen de cadenas, que recorrían los trazos de la estrella, uniendo los signos exteriores, cubriendo el signo central. Por último, apareció una imagen,  como la boca de un leon, que muerde las cadenas, sujetándolas en su lugar y cubriendo completamente el signo central. Luego, el dibujo avanzó violentamente hacia el niño, disminuyendo hasta tener el tamaño de su tórax, incrustándose en el.

El pequeño despertó, gritando, mientras sentía que su pecho se desgarraba. Su sufrimiento fue intenso, pero breve. Cuando acabo, perdió la consciencia y callo al suelo. Ahbul respiro aliviado, disipando su magia. La presión había desaparecido. Estaba agotado. 

Cuando el muchacho despertó, no podía creer lo que sucedía. Un hombre mayor estaba a su lado, había encendido fuego y estaba preparando un caldo de algún tipo. El aroma era intenso y agradable, aroma a carne y hiervas. Su estómago rugió, delatándolo.

-¡Oh! ¿Has despertado al fin?- dijo el anciano, sin voltearse. – ven, preparé algo para comer.

El caldo estaba muy aguado, pero a pesar de esto, tenía un aroma sumamente sabroso. El muchacho recibió un cuenco y se disponía a vaciarlo en un instante cuando el anciano lo detuvo, colocando su mano sobre el cuenco, cubriéndolo y pasándole una cuchara con la otra mano. El muchacho le lanzó una mirada asesina. El anciano rió con una voz grave y acogedora – Si comes demasiado rápido, te caerá pesada en ese estómago vacío y terminarás devolviéndolo. Come lentamente y tú cuerpo podrá absorberlo.

El muchacho lo miro unos instantes. Sin encontrar nada que argumentar, tomó la cuchara y vació el cuenco, sorbiendo y tragando las pequeñas porciones una tras otra. Cuando acabo efectivamente se sentía pesado y sentía un poco de náuseas, pero logró mantener el alimento en su interior. Se sentía abrigado por el calor en sus entrañas. Las lágrimas trataban de escapar de sus ojos, pero nada salía. Sentía sus labios resecos y la piel tensa y rígida. 

-Mi nombre es Ahbul Liveworth. ¿Cuál es tu nombre?
-Me llamo Zenor
-¿No tienes nombre de familia?
-No, señor. Mis padres eran granjeros.

“Eso explica por qué cambió su forma de hablar cuando le dije mi nombre” pensó el archimago. Las familias más pobres no tenían nombre de familia, solo los ciudadanos de alta alcurnia tenían derecho a perpetuar su nombre. Además, la nobleza tenía 3 nombres y la realeza 4 nombres, siendo el último el territorio que tenía a su cargo. “Debe haberme confundido con un noble menor”.

-Ya veo. Pero… ¿Cómo llegaste aquí? ¿Sólo estás tú?
-Si señor, solo soy yo. -dudó unos segundos antes de agregar -No sé cómo llegué aquí…


Comentarios

Entradas populares de este blog

Prólogo: El continente de Shœnaria

001: El Demonio y el inmortal

006: La torre del Amanecer